martes, 6 de diciembre de 2011

Josep Pla

Una hora sobre Josep Pla. El reportaje, aquí.

domingo, 9 de octubre de 2011

Pilar Goya Laza, esposa de Rubalcaba

EL PERFIL. PILAR GOYA LAZA
La química de Rubalcaba
El secreto mejor guardado del candidato socialista es su mujer. Científica de renombre y discreta hasta rozar lo patológico, en Ferraz la quieren en campaña
09.10.11
ZURIÑE ORTIZ DE LATIERRO |


Oye, lo voy a dejar». Con sencillez, la directora del Instituto de Química Médica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) comentaba a algunos compañeros que se retiraba del cargo que ha ocupado los últimos seis años. Le quedaban otros dos para agotar el mandato. Lo anunció poco antes de las vacaciones de agosto, pero ni su renuncia ni el nuevo nombramiento -María Jesús Pérez Pérez- se han hecho públicos hasta hoy, salvo en la web del instituto, donde aparece el nuevo organigrama sin aclaración alguna. En las reseñas de la página del CSIC figura aún como directora. Su dimisión ha pasado tan inadvertida como ella, la desconocida mujer que el fin de semana pasado se sentaba junto a Felipe González, con jeans grises y suéter caldera, en la Conferencia Política del PSOE.
Oficiaba su marido, al que abrazó también públicamente el 9 de julio cuando fue proclamado candidato para tratar de retener La Moncloa en manos socialistas. A Pilar Goya Laza (Vitoria, 1951), como buena química de síntesis orgánica, le gusta cocinar en la probeta -que no en el fogón- para entender qué pasa. Ensayar, mezclar a puerta cerrada en el laboratorio. Jamás se había 'mezclado' con la actividad política. Pero los sondeos aprietan y en Ferraz hay quien piensa que esta «excelente científica» -con los sesenta cumplidos en septiembre y «de gran humanidad y humildad», coinciden distintos colegas de profesión- puede aportar luz y calidez a la imagen de Rubalcaba. La quieren lanzar.
Pero no esperen jugosas declaraciones ni campañas plagadas de guiños cariñosos fabricados por los asesores, como les gusta a los anglosajones. Llevan 32 años casados y en ninguna de las entrevistas que ha concedido como científica aparece el nombre de su esposo. Quizás por puro desconocimiento. En su empeño en disociar sus carreras ha llegado al extremo de no asistir a la inauguración del Año Internacional de la Química, hace unos meses. El acto lo presidía Rubalcaba. Pese a ser vicepresidenta de la Real Sociedad Española de Química y profesora de investigación en el CSIC, donde ha sido también directora de Relaciones Internacionales, ella se perdió ese día de gloria para una profesión olvidada en España.
Ahora, a poco más de un mes para el 20-N, ha vuelto a vencer sus reticencias personales y profesionales para apoyar a su marido desde la primera fila de los actos centrales de la precampaña. Como lo hizo en 2006, cuando finalmente la pareja se mudó de su casa de Majadahonda al número 5 del Paseo de la Castellana. Rubalcaba estuvo muy cerca de fallarle al presidente, de decirle que no tomaba las riendas de Interior para reconducir las negociaciones con ETA. Su mujer estaba destrozada. Tres de sus cuatro hermanos habían fallecido por diversas enfermedades en un breve espacio de tiempo dejando a cinco jóvenes medio huérfanos. Los hijos que la pareja nunca tuvo. Y Pilar Goya Laza ha crecido en una de esas familias grandes de colchón infinito para amortiguar las desgracias, donde siempre hay manos que sujetan. Ahora le tocaba ayudar a ella. Como dice un buen amigo suyo: «No ha sido madre, pero es muy tía de sus sobrinos. Lo lleva en la genética».
Nació y vivió sus primeros años en Vitoria, con sus abuelos maternos. Sus padres tuvieron que desplazarse a Estados Unidos por motivos laborales. Creció con el apellido de los conocidos confiteros Goya y la simpatía de los Laza, de los que ha heredado «una chispa increíble cuando estás en confianza», concede una amiga. No es de chiste fácil, pero tiene un punto socarrón. «Puede resultar excesivamente tímida. Hay gente a la que cae muy bien y a otra a la que no tanto. Hay que conocerla». Se educó entre ingenieros industriales; gente curiosa, emprendedora y cultivada. La familia se trasladó a Madrid y la adolescente Pilar brilló en el instituto británico donde estudió el bachillerato. En la Complutense se doctoró y enamoró de Alfredo. En la misma facultad conoció a Jaime Lissavetzky y a su mujer, Pilar Tijeras. Son íntimos.
El 'clan de los químicos' les llamaban entonces y lo siguen haciendo ahora. No solo porque veraneen juntos en Asturias desde hace más de veinte años. Goya le ha regalado este invierno a Lissavetzky su primera participación activa en actos de campaña del PSOE al protagonizar uno de los vídeos promocionales del candidato socialista a la alcaldía madrileña: «Madrid sería una ciudad muy afortunada si tuviera un alcalde como Jaime», comentaba a la cámara, nada forzada, una científica desconocida para el público.
Directora de varias tesis doctorales y profesora de investigación, nunca ha descuidado la docencia. Y eso se nota cuando se enfrenta a los micrófonos. Lo volvió a demostrar con aplomo el pasado febrero, cuando presentó el libro 'El dolor' junto a su coautora, María Isabel Martín. Otra vez, inadvertida. Muy pocos sabían que la mujer que hablaba de la compleja percepción que llamamos dolor podría ser la primera dama del país.
Save the children
Entonces concedió varias entrevistas, la mayoría en publicaciones discretas y de carácter divulgativo. Y en todas tuvo unas palabras para las enfermedades olvidadas en rincones del mundo donde no conocen la farmacia. Aunque los periodistas no se lo preguntaran, Goya se las ingenió para deslizar su preocupación. «Lo que es un problema en el Tercer Mundo muchas veces no es un problema en el mundo occidental. Es una tremenda injusticia», denunciaba una y otra vez.
Sabe de lo que habla porque es la vicepresidenta primera de Save The Children, organización que por cierto ya le ha puesto deberes al futuro gobierno, lo lidere Rajoy o, en contra de lo que dicen todas las encuestas, lo haga a su marido. Entre ellas, combatir el abuso sexual a menores, apoyar a las familias o asegurar la educación pública. «A Pilar le interesa la defensa de los derechos del niño en general, aquí y en el extranjero», apunta su director en España, Alberto Soteres. Ella no se implica en proyectos concretos porque los estatutos de la ONG se lo prohíbe. Su trabajo consiste en representar a la organización española en las convenciones internacionales. Habla inglés, francés y alemán -lo aprendió en Constanza, gracias a una beca postdoctoral de la prestigiosa fundación Alexander von Humboldt-, y está muy acostumbrada a hablar en público. «Pilar es una garantía, nunca te deja tirado», destaca Soteres.
Y concienzuda. Contesta todos los correos y devuelve las llamadas. Le gusta tanto ser detallista como tomar el sol en las playas de Llanes (Asturias), emocionarse con la ópera en directo o relajarse en casa con Bach. Le apasiona la música, sea barroca o pop. Maneja un espectro amplio, como en pintura. No se conforma con lo obvio. Cuando viene un colega del extranjero, le da un paseo por El Prado, pero en cuanto se despista le planta en Cuenca, en el coqueto museo que alberga una de las colecciones más completas de obra de artistas españoles de la generación abstracta de los años 50 y 60. Pilar les habla de la abstracción gestual, matérica o geométrica de José Guerrero, Antonio Saura, Rafael Canogar, Modest Cuixart, Pablo Palazuelo, Fernando Zóbel, Eduardo Chillida...
Como a su marido y a su madre, le seduce el cine clásico americano en general y el negro, en particular. Cuando puede lo comparte con los sobrinos. También le gusta profundizar en autores que lo mismo le dan a la tecla que a la claqueta. Teóricos de la ficción como David Mamet, guionista de 'El cartero siempre llama dos veces' o 'Los intocables', y director de otras grandes como 'El caso Winslow' o 'State and Main'. A esta mujer patológicamente discreta, que las circunstancias y las encuestas le han colocado en el vórtice del ciclón electoral, le gusta el lenguaje poético, escatológico y, a menudo, chocante de Mamet en el teatro. Hace poco, el autor estadounidense publicaba '¿Por qué ya no soy un izquierdista de encefalograma plano? Un ensayo de temporada electoral'. Arranca así: «A John Maynard Keynes le criticaban sus cambios de opinión. Respondió, 'Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace, señor?'».

Publicado en los diarios del grupo Vocento.

domingo, 14 de agosto de 2011

Gay Talese en la Complutense

Lecciones de Gay Talese
Consejos de un maestro del periodismo para evitar tentaciones del oficio a futuros reporteros

TEREIXA CONSTENLA | Madrid 17/05/2011

Le emparentaron con el nuevo periodismo pero a Gay Talese (Ocean City, Estados Unidos, 1932) le incomoda esa etiqueta. Hace periodismo y punto. Y lo hace en el viejo estilo: sin grabadora (igual que en su día García Márquez) y con curiosidad sana por la condición humana. Talese conversó con el periodista Juan Cruz sobre el libro Honrarás a tu padre (Alfaguara), que retrata a una de las grandes familias de la mafia, los Bonnano, y sobre periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, en un acto organizado por EL PAÍS. Fue una lección esencial sobre la artesanía periodística, que se puede resumir en tres consejos.

-Contra la tentación del poder. Siempre hay una buena historia. Solo es necesario saber buscar. El olfato de Talese, adiestrado en horas de silenciosa escucha en la tienda de ropa de su familia donde las vecinas compraban trapos nuevos y aireaban los sucios, suele conducirle a lo marginal, a lo secundario. "A los periodistas les encanta el poder. A mí, por ejemplo, nunca me interesó cubrir el Capitolio. Creo que podemos aprender mucho de la gente que no es el héroe. En la historia de Strauss-Khan, que está ahora mismo en todos los medios, sería interesante conocer la vida de esas camareras pobres que trabajan en hoteles de lujo (...). Hay zonas marginales que explican la razón de que alguien se comporte de cierta manera. Un reportero debería dar siempre no solo la versión oficial, a veces hay que ser poco popular para ser buen periodista". Y por si no quedó claro: ¿sobre quién escribiría de las personas que ha conocido estos días en Madrid? La intérprete que le acompaña. Ya sabe que tiene una historia.

-Contra la tentación del titular ventajista. Hay premisas del oficio básicas que Talese repite. No mentir es incuestionable. Pero el periodista introdujo alguna otra que tal vez haga dudar a los devotos del titular aguerrido, caiga quien caiga. "Nunca debes sacar ventaja de la gente y violar su confianza. A veces puedes conseguir una buena historia porque alguien se desahoga contigo y si lo publicas no estás haciendo nada ilícito, pero yo creo que debemos ser sensibles y no utilizar aquello que ha sido un desahogo y que alguien ha dicho con inconsciencia o ignorando el daño que le iba a causar". Si de algo presume es de que todas sus fuentes han seguido conversando con él tras ver publicada la historia.

-Contra la tentación de la soberbia. Talese está en la historia del periodismo por varios artículos. Entre ellos, los perfiles que dedicó a Frank Sinatra, Peter O'Toole o Muhammad Alí. Ellos eran famosos, aunque curiosamente los perfiles sobre Sinatra y Alí están escritos a partir de su observación a cierta distancia y de conversaciones con su entorno. Un método que parece atentar contra el periodismo y que, paradójicamente, se convirtió en un brillante ejercicio periodístico. Son más memorables, sin embargo, sus semblanzas de gente anónima como el periodista de necrológicas del New York Times o el tipo que durante cincuenta años se dedicó a tocar la campana en un ring de boxeo. Esto último fue aprovechado por Talese para animar a los estudiantes que aspiran a ejercer el periodismo y que a menudo le confían sus quejas sobre el futuro. "Lamentan no tener tiempo para hacer una historia o no tener oportunidades, pero no es verdad. Sí se puede. Nadie tiene la existencia garantizada, Picasso al principio no era Picasso, los aspirantes a triunfar como actores o bailarines a veces trabajan de camareros o taxistas. Hay que ser fuerte para tener éxito y humildad".

En el coloquio alguien hizo la pregunta del millón. ¿Su mayor fracaso? Talese meditó unos segundos y llegó a la conclusión de que el artículo sobre Fidel Castro que nunca pudo escribir desde la perspectiva que hubiera querido (el acercamiento y la investigación del político). Pero ha habido más. "A veces gano, a veces pierdo y a veces las dos cosas en la misma semana".
Publicado aquí.

sábado, 6 de agosto de 2011

Los conflictos olvidados: de la primera plana a un rincón de la memoria

Curso de verano en la UIMP 'Los conflictos olvidados' celebrado en el Palacio de la Magdalena del 17 al 21 de julio de 2010.
Inauguración e intervención de Gervasio Sánchez.

lunes, 20 de junio de 2011

Perfil de Carlos García

Menudo concejal

El solitario voto de Carlos García impidió a Bildu hacerse con la alcaldía de Elorrio, entre amenazas e insultos. Desde entonces se ha convertido en un héroe para muchos. No es un recién llegado: joven autodidacta, cuenta con 14 años de experiencia política a pie de calle

LUIS GÓMEZ 19/06/2011
Carlos David García Fernández tiene una cualidad: no se comporta como un político al uso. Héroe o pirómano (ha merecido ambos calificativos estos días), desprende naturalidad. Y eso explica cómo y por qué ha llegado hasta donde está. Es un hombre de 32 años, menudo, delgado (ha perdido más de 10 kilos en los últimos tiempos) que en apariencia hace la vida de cualquier joven de su edad, hecho que se puede corroborar en un paseo por Bilbao, donde puede afirmarse, sin riesgo a equivocación, que conoce a un buen número de camareros. Simpático, de sonrisa fácil, vive estos días abrumado por lo sucedido hace una semana. Mujeres de cierta edad le saludan y le besan por la calle con afecto maternal. Probablemente a él le gustaría que esa admiración se la prodigaran las más jóvenes, pero no es una estrella del fútbol, a pesar de que estuvo a un paso de pertenecer al Athletic. Es una estrella de la política en estos días. Lo es desde el momento en el que como único concejal del Partido Popular en Elorrio dio su voto al PNV para desalojar a Bildu de la alcaldía y hubo de salir entre insultos y amenazas de la sede consistorial.
Un sector de la prensa nacional tardó minutos en catalogarle como un héroe. Desde ese momento, además de sus dos escoltas, le siguen las cámaras de televisión y periodistas de toda condición. Minutos tardaron también algunos líderes en llamarle para darle ánimos y felicitarle. A saber, Gallardón y Esperanza Aguirre, Rajoy y Mayor Oreja, polos opuestos de su mismo partido. Y también José Bono, presidente del Congreso. De golpe, el único concejal popular en Elorrio, una localidad fronteriza entre Vizcaya y Guipúzcoa de algo más de 7.000 habitantes, colmaba la máxima atención de la opinión pública. Quien piense que se trata de un episodio propio de una casualidad electoral, anda equivocado: Carlos García eligió Elorrio, y lo eligió por algo.
Tampoco la cualidad de no parecer un político es anecdótica en la trayectoria de Carlos García. Tiene modales de recién llegado cuando en realidad le contemplan 14 años de experiencia política: ha sido concejal en Sondika, presidente de Nuevas Generaciones en el País Vasco y ocho años concejal en el Ayuntamiento de Bilbao. Todo ese largo trayecto no ha modelado su comportamiento por una sencilla razón: es un ejemplar de político callejero, hecho en el barrio de Santutxu, uno de los más populares de Bilbao, en comisiones de fiestas, en reuniones para decidir pequeñas obras o en la gestión de instalaciones deportivas. Su actividad ha estado siempre muy ligada a la calle. Y podría decirse que de la calle no ha salido. De ahí su ventaja.
Luego está el destino: estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Pero no es el caso de Elorrio. Lo de Elorrio no ha sido casual.
Cuando un buen día Carlos García decidió, acompañado de su hermano, afiliarse al Partido Popular, habían pasado unas semanas del asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal de Ermua. Fue una decisión largamente meditada. No fue un acto impulsivo. "Había que hacer algo", recuerda. El aspecto de Carlos García cuando entró por vez primera en la sede del partido no era el ajustado a un joven aspirante a ser militante del PP. A saber, llevaba melena, recogida en una coleta, y el correspondiente pendiente en la oreja. Procedía de una familia modesta: si su madre fue catequista en tiempos, su padre era un maestro afiliado a UGT que le ponía a sus hijos canciones de la Guerra Civil tan características como La Internacional, Ay, Carmela, A las barricadas, Los comuneros o el Eusko Gudariak. "Pero en ningún momento nos adoctrinó", sostiene. Por su aspecto y sus raíces, extraña que no hubiera dirigido sus pasos a la sede del PSE. "Podría haberme apuntado al PSE", reconoce, "pero fue la época de los escándalos de corrupción y de los GAL, así que me parecía que la postura del PP era más sólida".
Esa decisión tuvo mucho que ver con el terrorismo: "A los 15 años explotó una bomba lapa cerca de mi colegio. Murió un policía cuyo hijo era un compañero. Me costó entender que solo estuviéramos 20 alumnos de los casi 2.000 que éramos en ese centro en un acto en memoria del padre de un compañero. Y menos podía entender que, después de eso, un chaval de clase llevara escrito 'Gora ETA' en un estuche. Le pregunté por qué lo llevaba y no supo contestarme. No tenía una razón concreta. Traté de convencerle de que lo borrara y lo conseguí. Cosas como esas generaron en mí una inquietud por la política. Había que hacer algo".
Eligió al PP: "Lo hice por su posición contra el terrorismo, pero también me di cuenta de que, a pesar de que el PP por entonces tenía siete concejales en Bilbao, ni mi hermano ni yo conocíamos a ninguno. No sabíamos quiénes eran. No estaban en el barrio. Por eso nos fuimos directamente a la sede a afiliarnos".
La muerte de Miguel Ángel Blanco marcó su actitud hacia la política de tal manera que no le importó, con 21 años, su coleta y su pendiente, ir en las listas del PP por la localidad de Sondika en las elecciones de 1999. Estudiaba Derecho en la Universidad pública del País Vasco y trabajaba de topógrafo sin ser topógrafo, otra de sus cualidades. Es un autodidacta y un maestro de la improvisación. Jugaba al fútbol en el Baskonia de la Tercera División: típico delantero de brega constante y goles oportunistas. Pudo haber formado parte de la cantera del Athletic cuando este club convirtió el Baskonia en su filial, "pero nos echaron a todos para meter a sus juveniles", recuerda. Durante su etapa en Sondika se dedicó a buscarle las vueltas al alcalde del PNV por el elevado importe de las tasas municipales y por algunos asuntos más turbios, hasta el punto de que logró que fuera imputado. "Como estudiaba Derecho, aplicaba las cosas que aprendía a mi trabajo como concejal", explica. "Acudí al Defensor del Pueblo por el asunto de unas tasas que doblaban la media de Vizcaya y husmeaba en todos los expedientes de obras". Ese trabajo de hormiga lo avalan algunos concejales rivales, socialistas sin ir más lejos, que reconocen a Carlos García como un "guerrillero" de los expedientes.
El destino sí obró a su favor en 2003. Sus éxitos en Sondika llamaron la atención de otro joven político, Antonio Basagoiti, que debía elaborar la lista para el municipio de Bilbao. Puso a Carlos García en el octavo lugar cuando las perspectivas no auguraban más de cinco o seis puestos de concejal: "Había sucedido lo del Prestige, estaba lo de la guerra de Irak, no eran buenos momentos para el partido". Por entonces, en plena campaña, falló la empresa de buzoneo que debía repartir el programa electoral del PP. Y allí apareció Carlos García: "Monté un sistema de buzoneo improvisado con amigos. Logramos repartir 200.000 programas por todo Bilbao. Los pusimos también en los parabrisas de los coches. Sabía que molestaba, pero era efectivo". El Partido Popular sacó ocho concejales en Bilbao, así que Carlos García se estrenó como concejal con su melena y su pendiente.
Luego cambió su aspecto. Se cortó un poco el pelo, se puso rizos y pasó a ser conocido como Bisbal, por el parecido de su cabello con el del cantante. Trabajó en la calle, en su barrio, se tomaba unos pinchos en la casa del pueblo con sus rivales socialistas para tratar asuntos, llevó propuestas concretas al pleno. Por ejemplo, cambiar los autobuses que llevaban a los estudiantes a la universidad. "Ya les dije que eran como los que se mandan a Cuba y al Sáhara. Me hizo ilusión lograrlo porque yo los había sufrido durante mucho tiempo". Daba caña en las reuniones y no escurría el bulto en la polémica. Era un político cañero y callejero: en el follón se mueve como pez en el agua, destacan compañeros de partido y rivales. Su forma de ser no le convirtió en un personaje simpático a todo el mundo. Ni siquiera entre sus correligionarios, que no apreciaban demasiado su tendencia a ir por libre, su heterodoxia, y le reprochan cierta dificultad para trabajar en equipo; alguna vez le desautorizaron. Su novia de entonces, Nerea Azola, era otra militante popular más cañera que él, asidua a tertulias de alto voltaje y muy combativa con todo lo relacionado con el terrorismo. Formaron una pareja explosiva y ruidosa: ella terminó fuera del partido tiempo después.
Desde luego, Carlos García aprendió a llamar la atención. Su don de gentes y su autonomía le permiten un cómodo acceso con los periodistas. Es directo y no se pierde en discursos establecidos. En el verano de 2008 hizo una propuesta muy efectista: con motivo de la clasificación de España para la final de la Eurocopa ante Alemania, propuso que el consistorio montara pantallas gigantes en algunas plazas. Esa propuesta en Bilbao tenía mucha miga y, naturalmente, no fue aceptada. Luego la repitió años después elevando el listón cuando España alcanzó la final del Mundial: propuso una pantalla gigante en el exterior del Guggenheim. "Una foto de los alrededores del Guggenheim repleto de gente celebrando la victoria recorrería el mundo y sería una buena propaganda para la ciudad", dice todavía. No salió adelante. "Todo el mundo vio que el día de la final, las calles de Bilbao estaban vacías".
Las turbulencias dentro del PP vasco le afectaron y se le etiquetó como un firme partidario de María San Gil (que abandonó el partido) y de la línea dura. Él niega haber dicho que si San Gil se iba, dejaba el partido. Lo cierto es que a la hora de confeccionar las listas en Bilbao para las municipales, Carlos García desapareció.
Para aparecer como candidato a la alcaldía de Elorrio, una localidad de casas señoriales y ambiente severo, un reducto nacionalista en Vizcaya, cuyo alcalde era Niko Moreno, un alto dirigente de la izquierda abertzale, donde el Partido Popular jamás tuvo un concejal. ¿Aterrizó Carlos García en Elorrio por casualidad?, ¿Fue desterrado allí a terminar su carrera como concejal?
No.
Fue Carlos García quien eligió Elorrio. Se lo pidió expresamente a Antonio Basagoiti, quien reservaba para él una posición dentro del Gobierno vasco. Le llamó y le pidió Elorrio, donde no había voluntarios hasta ese momento. Y Basagoiti lo corrobora: "Efectivamente me lo pidió él. Me dijo que podíamos convertirnos en un voto decisivo, que en las pasadas elecciones no obtuvimos la concejalía por unos pocos votos y que allí estaba Niko Moreno. A Carlos le va la marcha. No se resigna ni se lamenta. Me lo pidió y le dije que lo estudiaríamos".
Visto en perspectiva, las condiciones para una campaña del PP en Elorrio eran las ideales para un hombre de sus características. No había dinero, ni ganas de aparecer. Poco menos que Carlos García tendría que montarse su propia campaña.
Así que lo hizo a su manera. Estilo callejero y autodidacta. Redactó su propio programa y fotocopió en blanco y negro muchos folios a los que pegó un sello: "Austeridad en campaña". Movilizó a sus cuadrillas de amigos, tomó un coche y un megáfono y recorrió las calles de la localidad. Hizo acompañar el himno del Partido Popular junto al himno de Athletic. Se compró un móvil, su correspondiente tarjeta, y puso el número en la propaganda para contestar a todo aquel que quisiera hablar con él. Algunos lo hicieron para insultarle. Su atrevimiento no conocía límites: jugaba a pelota en el frontón de la localidad, que comparte pared con el Ayuntamiento. O jugaba al fútbol con sus amigos en Elorrio. Se hizo visible.
Sus propuestas electorales eran muy concretas, como es su estilo. No promete, en genérico, mejorar la sanidad pública. Concreta: una ambulancia, una, para Elorrio, en servicio durante las 24 horas, "para que incluso los abuelos que votan a Bildu estén tranquilos y sepan que les pueden llevar al hospital de Durango en poco tiempo". Otra propuesta: wifi gratis en el entorno urbano. Dos más, igualmente concretas: solicitar a la Ertzantza que patrulle por la localidad y negociar con Fomento que, a cambio de respaldar la Y vasca (que debe pasar por Elorrio y siempre contó con el boicoteo de los abertzales), se cree una bolsa de empleo en la localidad para cuando empiecen las obras. Otra más: destinar los 37.000 euros que se conceden a los familiares de presos etarras para ayudas sociales.
El 11 de marzo, 276 habitantes de Elorrio votaron a Carlos García y al PP. Obtuvo 27 votos más que cuatro años antes. Parece un resultado escaso, pobre para tanto esfuerzo, pero resultó suficiente para que el PP lograra por vez primera un puesto de concejal. El éxito tenía otra lectura: el PP había bajado en todas las localidades que rodean Elorrio. El destino hizo el resto: seis concejales para Bildu y seis para el PNV. Carlos García era el árbitro. Como prometió en campaña, daría su voto a quien pudiera arrebatarle la alcaldía a los que consideraba herederos de Batasuna.
Cuando dio su voto el pasado sábado al PNV, la reacción de los simpatizantes de Bildu no se hizo esperar. Le insultaron, le escupieron, le cantaron el Eusko Gudariak, sin reparar en que él se puso a tararearlo ("me la sé de memoria y es una bonita canción"). Respondió en euskera a algunos insultos. En ese escenario callejero, es evidente que Carlos García sabe moverse. Y valor no le falta.
¿Es el suyo un caso de político joven y temerario?, ¿se dejará instrumentalizar por la ultraderecha que le jalea como un héroe desde el sábado? Carlos García sostiene que continuará algunas iniciativas que en su día presentó la concejal socialista, que perdió su cargo ("y me ha dado una pena inmensa"). Es más, quiere irse a vivir a la localidad y hacerse más visible todavía. Antonio Basagoiti le tiene reservada otra función con el Gobierno vasco en asuntos relacionados con las víctimas del terrorismo, pero no le preocupa que pueda caer en las garras de la fama repentina y ciertos efectos secundarios. "Controla bastante. Mucho más de lo que parece. Y nunca ha metido la pata".
Se mueve con soltura en la calle. De tanto leer expedientes ha perdido vista, pero no olfato. No le impresionan las cámaras. Su discurso es directo. Estar en el ojo del huracán no le incomoda. El cóctel está servido.

martes, 15 de marzo de 2011

OBITUARIO: IN MEMÓRIAM

Joaquín e Ibarz eran dos

MIGUEL ÁNGEL BASTENIER 15/03/2011
Había dos grandes periodistas cobijados bajo un solo nombre: Joaquín -siempre le llamé así y sus raíces de la franja de ponent nunca se estremecieron por ello- e Ibarz. El primero, también conocido como Quim, era el más completo hombre orquesta con el que he trabajado en un diario. El segundo, universalmente recordado, era el de América Latina que seguía tocando en la misma orquesta, pero con instrumentos ligeramente diferentes.
Joaquín se fabricó en el año-rado Tele-Exprés de Barcelona con el gran maestro de la época, ya desaparecido, Manuel Ibáñez Escofet -o simplemente Ibáñez- y su mano derecha, Josep Per-nau. Y lo hacía todo: deportes, espectáculos, información general, y quizá lo que menos le entusiasmaba, la política, aún no plenamente democrática en aquel comienzo de los años setenta. Su curiosidad lo devoraba todo. Deglutía semanarios anglosajones y franceses, y probablemente fue el primer periodista español que se tomó en serio a un joven bailarín norteamericano aún antes de que tuviera fiebre los sábados por la noche, John Travolta, y le hizo una doble página en aquel diario catalán. Quim Ibarz aguantó hasta el último momento -como en la vida- en el Tele-Exprés, y cuando la cambiante realidad española y algún empresario con más ilusiones que posibles lo cerró en 1982, La Vanguardia tuvo el acierto y el buen gusto de no dejarlo marchar.
Entonces fue cuando nació el Ibarz de América Latina; el que daba la voz a todo aquel que tuviera algo valioso que decir, sin conceder ni una sonrisa innecesaria a los poderosos. Fue, sigue siendo, el gran maestro de todos nosotros en la información sobre el mundo iberoamericano. En nuestras discusiones en La Habana, San Vicente del Caguán, México DF, Ciudad Guatemala y otros portentos, no siempre estuvimos de acuerdo en lo divino, pero nunca dejamos de coincidir en lo humano. En una ocasión me pegó un fraternal chorreo por algo que yo había escrito y no fui capaz de darle la razón. Ahora me arrepiento.

Publicado en El País.

domingo, 23 de enero de 2011