Mostrando entradas con la etiqueta escribir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escribir. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de mayo de 2015

Habría, sería, podría, estaría...

 
Los profesores de Periodismo obligarán seguramente dentro de unos años a que sus alumnos escriban un verbo en modo potencial cada dos o tres párrafos. Si no, castigados al rincón. Por ese camino vamos.
Ya se empieza a notar que si un periodista no dice a cada rato “habría”, o “sería”, o “estaría”, o “podría”, o “aprobaría” o “estudiaría”..., o cualquier otro condicional o potencial, es que no está en la onda.
Seguro que le suenan a usted frases como éstas: “La policía sospecha que el hombre habría apuñalado a su víctima antes de suicidarse”. “Venezuela sugiere que podría vetar la entrada de Felipe González”. “Fuentes de la investigación creen que serían ésos los motivos del accidente”. “Los indicios apuntan a que el incendio habría sido intencionado”...
Los autores de tales oraciones, oídas o leídas en distintos medios, coinciden en un propósito: advertir de que la información no está comprobada. Y se les puede responder, para empezar, que si la noticia no está comprobada no debería difundirse. Pero resulta que sí está comprobada. Es decir, está comprobado que la policía sospecha eso, que Venezuela sugiere lo otro, que fuentes de la investigación creen aquello y que los indicios apuntan hacia ahí. Se trata, por tanto, de verbos principales que llevan intrínseca la idea de inseguridad, y que reflejan unos hechos ciertos: las sospechas de la policía, las insinuaciones de Venezuela o las conjeturas de unos y otros. Por tanto, no hace falta expresar la idea dos veces (también en la oración subordinada), y menos con ese uso verbal tan extraño en el lenguaje común. Seguir leyendo.

martes, 7 de abril de 2015

Cómo escribir para la web

 Manual sobre cómo escribir para la web:

https://knightcenter.utexas.edu/Como_escribir_para_la_WEB.pdf

jueves, 25 de abril de 2013

Un punto más, una coma menos

IDIOMA | Ortografía

Un punto más, una coma menos

Ilustración: Luis S. ParejoIlustración: Luis S. Parejo
  • Una revista francesa renueva el eterno problema de la puntuación mínima
  • En caso de duda, ¿mejor poner muchos o pocos signos?
Un viejo chiste cubano mil veces contado decía que José Lezama Lima puntuaba sus textos en prosa como el que alimenta a las gallinas en un corral: tomaba un montón de comas con las manos, las lanzaba al aire y, allá donde cayeran en el texto, así que quedó 'Paradiso'.
La broma viene al hilo de la publicación de un número de la revista francesa 'Hiatus', dedicada en parte a la "puntuación mínima" (se puede leer en la red algún artículo en inglés incluido en el número), que es otra manera de referirse al eterno dilema que tenemos todos cuando escribimos un texto: en caso de duda, ¿poner una coma más o una coma menos? ¿Pecar por exceso o por defecto?
Cinco respuestas rápidas. Una: "Soy partidario de puntuar menos. De forma natural. Por lo tanto, si dudo, me temo que quizá acabe poniendo la coma o el punto" (Román Piña Valls; filólogo, profesor de griego, escritor, editor del sello Sloper y autor de 'Archipiélago Gulasch). Dos: "No sabría decir si es mejor pecar por exceso o por defecto, pero puedo asegurar casi seguro de no equivocarme que la tendencia general es incurrir en lo primero. En muchas ocasiones se tiende a puntuar (hablo ahora de comas) según se entona en el lenguaje oral, algo que es un error. Recuerdo una frase que me encanta de Alberto Gómez Font, antes coordinador general de la Fundéu BBVA: 'Respire pero no coma'" (Álvaro Peláez, filólogo y periodista y miembro de la Fundación del Español Urgente Fundéu BBVA). Tres: "Prefiero puntuar de más. Salvo que con la puntuación se cometa un error (por ejemplo, la coma entre sujeto y predicado)" (Mónica Liberman, responsable de correcciones y estilo en la editorial La Esfera de los Libros del grupo Unidad Editorial). Cuatro: "En caso de duda, navaja de Ockham: la opción más sencilla es siempre la mejor" (Pedro Urteaga; jefe de sección de Cierre en el diario EL MUNDO). Y cinco: "Yo, al contrario de la mayoría: [soy partidario de puntuar] de más" (Víctor de la Serna, subdirector de este periódico y autor de su libro de estilo). (+)

martes, 2 de abril de 2013

Sobre 'Hiroshima' y su autor, Hersey

Hace 20 años falleció el periodista estadounidense

John Hersey, ¿el padre del Nuevo Periodismo?

A propósito de los 20 años de la muerte del periodista rememoramos el recuento de las consecuencias de la bomba atómica lanzada en Japón en 1945, recogido un año después por Hersey en 'Hiroshima'.

Por: Juan David Torres Duarte
John Hersey solía, durante las clases individuales que impartía a sus estudiantes en Yale, escribir notas al margen de las páginas que le presentaban. Discutía posibles yerros —en ese entonces, mitades de los setenta, Hersey era profesor de ficción— y sugería ciertos cambios. Luego, cuando terminaba la charla, borraba las notas al margen. Decía —desde que había escrito Hiroshima en 1946 para la revista The New Yorker— que los datos superficiales, los meros datos, eran olvidados en breve. En cambio, las emociones, las imágenes, la personalidad y las impresiones se grababan de verdad en la memoria. Quizá por ello borraba las notas: porque si no estaban escritas en la memoria y en la sensibilidad, no servirían jamás de nada. (+)

lunes, 1 de abril de 2013

La historia del carpintero y las 12 sillas

¿Qué hacer el primer día de clase de un curso de periodismo?

Roberto Herrscher


Primero, una aclaración necesaria: “qué hacer” es una pregunta bien grande. Lenin, un candidato presidencial, el líder de una secta o de una nueva corriente artística se animan a indicarnos qué hay que hacer. Yo soy de la tribu de los “y yo qué sé”. Me atrajo el desafío de FronteraD, pero la acepto con la condición de que lo mío se transforme en un “esto es lo que hago yo; después cada uno que haga lo que le surja”.

Con esa premisa, que me libera de miedos, parto a contarles lo que suelo hacer en ese día en que los que llevamos bastante dando clases (yo casi un par de décadas) todavía nos inspira respeto: el primer día.

¿Qué hacer después del “buenos días”?


*          *          *

Los nuevos alumnos entran al aula con cautela, como si estuvieran pisando vidrios rotos, y se sientan en las sillas dispuestas en forma de herradura. Los alumnos del Máster en Periodismo de la Universidad de Barcelona, que dirijo, suelen venir de una decena de países y un puñado de idiomas, y algunos están casi tan nerviosos como yo.

Primero, propongo la habitual rueda de presentaciones: en un minuto, que cada uno nos cuente a los demás quién es, de qué planeta viene y por qué está aquí. Algunos recitan su currículum, otros piensan que hay que hablar bien del programa. Pero en cuanto uno cuenta una historia, los siguientes se dan cuenta de que tienen esa libertad: a lo largo de los años he oído historias sobre conversaciones con el abuelo, sobre discusiones con la jefa, sobre una frase inspiradora de un maestro, o sobre el estado del periodismo en su país (sobre todo si el país es Venezuela).

Y entonces, cuando creen que el ejercicio terminó, es cuando realmente comienza.(+)

La senda torcida del nuevo periodismo

La senda torcida del nuevo periodismo

La generación de reporteros que revolucionó la profesión en los sesenta vive un resurgir editorial

Lo que pretendía ser una feroz invectiva suena hoy a notable definición del nuevo periodismo: “[Es] un estilo bastardo que juega a dos bandas, explota la autoridad fáctica del periodismo y crea atmósferas propias de la narrativa”. Lo escribió en 1965 Dwight Macdonald en Paraperiodismo, o Tom Wolfe y su máquina de escribir mágica, artículo publicado en las páginas de The New York Review of Books para salir en defensa de otra venerable institución de la prensa de Manhattan, The New Yorker, cuando esta fue objeto de la iconoclastia a prueba de bomba (o casi, como se verá) de Wolfe.
El reportero de la afectada elegancia sureña y el traje blanco había publicado un hilarante texto titulado Pequeñas momias, motivado por un diálogo escuchado en la redacción de una joven revista de la ciudad que incluyó esta sugerencia del coloso del periodismo de los sesenta Jimmy Breslin: “Quizá deberíamos volar por los aires el edificio de The New Yorker”, dijo. Los chicos no llegaron a tanto, cierto, pero tampoco se cumplió la profecía de Macdonald: “Wolfe no será leído con agrado, o leído a secas, dentro de unos años, quizá el año que viene”. (+)

viernes, 1 de febrero de 2013

Consejos para un joven que quiere ser cronista, por Alberto Salcedo Ramos

Si no eres porfiado, olvídalo. Te dirán que no hay espacio, ni dinero, ni lectores. En vez de perder tiempo quejándote, pon el trasero en la silla como proponía Balzac. Y cuando empieces a trabajar escucha el consejo de Katherine Anne Porter: no te enredes en asuntos ajenos a tu vocación. A un narrador lo único que debe importarle es contar la historia.
Una historia buena y bien contada posiblemente le interesará a algún editor. Pero nadie te lo garantiza. En caso de que no la publiquen, al menos te quedará una crónica terminada. Guárdala como un tesoro: podría motivarte a hacer otra. Si dejas de escribir cuando los editores te cierran las puertas, tal vez mereces que te las cierren.
Aunque tengas un trabajo de tiempo completo en un periódico o manejes un camión de carga, debes escribir. Ninguna excusa es válida. Si solo atiendes los llamados del estómago, ¿para qué seguimos hablando? (+)

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Hoy, café para todos

Frases tópicas de periodistas. Puedes leerlas aquí.

sábado, 13 de octubre de 2012

lunes, 22 de noviembre de 2010

El registro culto del periodismo

Halagar al oyente

:: JOSÉ MARÍA ROMERA

Los manuales de periodismo prohibían recurrir al léxico coloquial para dar las noticias. Era un precepto básico de redacción que por lo visto ha perdido su vigencia. Ahora no es raro encontrar frases como «la comida que nos zampamos contiene mogollón de calorías» o «la vuelta al curro pone de los nervios a mucha gente», ambas oídas en espacios informativos de la radio. Una alegre laxitud verbal se ha adueñado no sólo de los micrófonos, sino también de los medios escritos. Las expresiones del lenguaje popular han salido de su ámbito natural para invadir con todo desparpajo otros terrenos de la comunicación. Pero el reino del coloquialismo es limitado. Depende de regiones, de grupos de edad, de culturas familiares. Como hay mil maneras de llamar a las cosas, todas ellas válidas en determinados grupos de hablantes, parece recomendable usar la más universal de todas para entenderse con la mayoría. Ese es el definitivo argumento del habla culta: la garantía de un punto de encuentro en medio de la babel de variantes que nos pueden llevar a confusión. Pero en contra de la utilidad práctica está la voluntad de ganarse al receptor, querencia que para muchos se ha convertido en imperativo absoluto. Hay que caer bien al oyente, ponerse a su altura, complacerle y si es preciso halagarle. De manera que los medios de comunicación, en vez de actuar como heraldos del idioma rico y correcto, se tornan espejos de la vulgaridad dominante. Su papel empieza a parecerse al de los malos maestros que emplean la jerga juvenil para ser admitidos por los estudiantes a quienes debería enseñar modos comunicativos más elaborados. Ah, la tentación de ser guay. Y lo que empieza como un intento tramposo de cautivar al receptor acaba empobreciendo al propio emisor. No es sólo que entre la forma culta y la vulgar se incline por la segunda; lo penoso, en la mayor parte de los casos, es que ya no conoce otra.

Publicado en Territorios.

viernes, 5 de marzo de 2010

El concurso

Aquí encontrarás las bases del concurso de microrrelatos 'Félix Menchacatorre'.

martes, 23 de febrero de 2010

Consejos para escribir

La diferencia entre periodismo y literatura es que nosotos nos debemos a la verdad. Lo común a ambas profesiones es que se trata de ordenar palabras, de relatar. Aquí encontraréis interesantes consejos para escribir.

miércoles, 20 de enero de 2010

Atrapar a un mentiroso

Mentir es un acto consciente y deliberado, no un accidente como a menudo el mentiroso nos quiere hacer creer. Hay dos formas básicas de mentir: la primera es ocultar, y consiste en retener cierta información sin decir nada que no sea verdad. La segunda es falsear, y se basa en presentar la información falsa como si fuera cierta. El ocultamiento es pasivo, mientras que el falseamiento es activo. Desde esta perspectiva, la persona que oculta suele sentirse menos culpable que la que falsea, aunque en ambos casos las consecuencias pueden ser igual de perjudiciales para sus víctimas.
Sigue.

martes, 19 de enero de 2010

¿Se puede enseñar a escribir?

Un interesante texto de Ernesto Maruri sobre el aprendizaje de la escritura. Aquí.